De punto de interés a punto crítico: cómo el turismo ha llevado a Barcelona al límite, y cómo los movimientos sociales contraatacan
Las protestas a gran escala han convertido la ciudad de Barcelona en sinónimo de resistencia social a los efectos negativos del turismo depredador y extractivo, pero está lejos de ser la única: durante el último año, otros destinos populares como las islas Canarias, Málaga o Baleares han sido testigos de protestas masivas contra los excesos del turismo.
La gente está harta, y su mensaje se lee literalmente en las paredes: los pisos turísticos con pintadas de «Tourists go home» («Turistas, iros a casa») ya son casi omnipresentes en muchas ciudades españolas. Sin embargo, la culpa no es de los turistas, sino de la excesiva dependencia del turismo, que durante décadas ha expulsado paulatinamente a innumerables residentes de sus hogares y barrios.
Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? A medida que los viajes internacionales se reanudaban después de los confinamientos por la COVID, Barcelona y otras ciudades mediterráneas vieron cómo los turistas volvían en un número notable. Esto ha provocado un malestar social creciente, ya que las comunidades locales se sienten cada vez más frustradas por la forma en que el turismo ha ido remodelando los espacios urbanos a su costa.
Las preocupaciones de los residentes van desde la falta de vivienda y la inseguridad laboral hasta los daños medioambientales. La privatización de los espacios públicos ocupa también un lugar destacado en la agenda de Barcelona, agravada por eventos con mucha repercusión como la Copa América de 2024, que aportó pocos beneficios a los residentes locales, o el Gran Premio de Fórmula 1.
Este artículo se ha publicado originalmente en The Conversation.
La gente está harta, y su mensaje se lee literalmente en las paredes: los pisos turísticos con pintadas de «Tourists go home» («Turistas, iros a casa») ya son casi omnipresentes en muchas ciudades españolas. Sin embargo, la culpa no es de los turistas, sino de la excesiva dependencia del turismo, que durante décadas ha expulsado paulatinamente a innumerables residentes de sus hogares y barrios.
Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? A medida que los viajes internacionales se reanudaban después de los confinamientos por la COVID, Barcelona y otras ciudades mediterráneas vieron cómo los turistas volvían en un número notable. Esto ha provocado un malestar social creciente, ya que las comunidades locales se sienten cada vez más frustradas por la forma en que el turismo ha ido remodelando los espacios urbanos a su costa.
Las preocupaciones de los residentes van desde la falta de vivienda y la inseguridad laboral hasta los daños medioambientales. La privatización de los espacios públicos ocupa también un lugar destacado en la agenda de Barcelona, agravada por eventos con mucha repercusión como la Copa América de 2024, que aportó pocos beneficios a los residentes locales, o el Gran Premio de Fórmula 1.
Este artículo se ha publicado originalmente en The Conversation.
